Un pollo de granja intensiva alcanza hoy su peso de
sacrificio en 41 días, mientras que uno de granja en libertad
necesita más del doble de tiempo. Ese acelerón es fruto
de la selección genética, pero también de unas
condiciones de vida que violan su fisiología.
El animal que llega a las pollerías y supermercados ha padecido
todo tipo de sufrimientos que agotan su organismo. Viven hacinados noche
y día con luz artificial, se le corta el pico con una navaja
al rojo vivo, en su alimentación entran grasas recicladas de
frituras y transformadores y maíz transgénico, padecen
los efectos del amoniaco que genera la descomposición de sus
heces, las extremidades se les deforman por la rapidez del proceso de
crecimiento, el corazón les revienta en muchos casos, sufren
ataques hepáticos y fallos renales y si han sobrevivido a todo
eso (en la UE mueren cada día 500.000 aves por las condiciones
de vida) son introducidos en un estanque eléctrico, que sólo
les aturde porque una descarga más fuerte puede romperles los
huesos y dejarlo no aptos para el consumo... Después se les da
un corte en la garganta para que se desangren...
Sólo sobreviven a todo esto por el abuso de antibióticos
y otras sustancias terapéuticas. En España se consumen
17 kilos de carne de pollo por habitante y año.
DEL USO DE ANTIBIÓTICOS A LOS POLLOS TRANSGÉNICOS
El uso de antibióticos en granjas está limitado legalmente
a tratamientos concretos de enfermedades. Pero su uso es generalizado.
¿La causa? Las condiciones de vida de los animales, que quebrantan
su etología y favorecen la propagación de infecciones
y otras enfermedades. En una granja avícola, por ejemplo, puede
haber hasta 500.000 aves.
Los antibióticos empezaron utilizándose para combatir
infecciones puntuales, pero pronto se descubrió que en los animales
sanos favorecían el crecimiento y mejoraban su aspecto (la energía
y los nutrientes ingeridos no se pierden combatiendo enfermedades).
Por eso empezaron a mezclarse con el pienso y el agua y a darse, en
dosis subterapéuticas, a todos los animales.
Es una práctica prohibida porque favorece la aparición
de gérmenes hiperresistentes que están minando las capacidades
curativas de los antibióticos en humanos. Pero como se sigue
produciendo con la excusa terapéutica, la UE prohibirá
a partir del 2005 mezclar antibióticos con la alimentación
de los animales. Pero la normativa europea autoriza coccidiostáticos
e histomostáticos hasta el 2008 en la producción avícola.
El resultado es que se abusa de los antibióticos y sus efectos
se prolongarán en el tiempo.
·Alteran el organismo: los residuos de antibióticos actúan
sobre la flora intestinal: modifican su composición y favorecen
el desarrollo de cepas bacterianas resistentes.
·Introducen tóxicos en el organismo: antibióticos
como nitrofuranos y cloranfenicol son tóxicos incluso en pequeñas
concentraciones. La legislación europea prohíbe su uso,
pero se siguen detectando en Europa procedentes de países donde
no están prohibidos.
·Producen daños ecológicos: una parte de los antibióticos
usados es evacuada en forma de heces y orina. Cuando estas sustancias
llegan a la tierra y aguas destruyen microorganismos que son necesarios
para el crecimiento de algunas plantas.
·Alternativa a los antibióticos. En las aves se requiere
mejorar la absorción de nutrientes y la funcionalidad del intestino,
porque se considera que la elevada ingestión de alimentos en
un breve plazo de tiempo produce alcalinización y desequilibrios
digestivos que provocan la proliferación de bacterias.
·Y ahora, pollos transgénicos. Dos empresas norteamericanas
quieren crear pollos transgénicos resistentes a la coccidiosis
(enfermedad parasitaria de las aves) y a las bacterias de Salmonella
y Campylobacter... Todo con tal de no cambiar la raíz del problema:
las condiciones de vida de los animales y el modelo dietético
dominante, basado en el abuso de las proteínas animales.